Febrero.

Llegas con un insomnio desmedido, congelando el alma y prendiendo el corazón.

O viceversa.

Llegas poniéndolo todo patas arriba, y ya he perdido la cuenta de cuántas veces me has hecho cambiar de opinión. Síes y noes que se abrazan sin querer soltarse nunca.

Maldita y dulce ambivalencia.

Y es que yo ya no sé si eres mes o personas. Pero llegas con una mezcla explosiva.

De miedo.

Y ganas.

Y es que, esta vez, aunque sigas siendo invierno, jamás será más primavera que contigo.

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